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jueves, 13 de agosto de 2009

La madurez

Me encontró cansada, ya casi desmoralizada. Todos aquellos antiguos sueños habían desaparecido o estaban muy bien guardados como para ser recordados.
Guardados entre recuerdos que se mezclaban con las ilusiones perdidas, con las derrotas y las lágrimas derramadas.

A pesar de la melancolía la reconocí al instante, sin embargo me resistí a dejarla pasar.
No tenía ganas de planteos, mucho menos de reproches. Sólo quería escuchar un poco de jazz y disfrutar una copa de vino, en buena compañía si fuera posible.

Ella insistió, tantas veces volvió, esperaba pacientemente, me miraba con sabiduría, sin ansiedad, sabía que tarde o temprano la dejaría pasar.
Llegue incluso a ignorarla, pensando que se cansaría y se iría, que por fin me dejaría en paz. Pero tampoco funcionó, cuando pensaba que me había librado de ella, volvía, con la misma sonrisa paciente de siempre.

Me fui de viaje, planeé estadías ridículas en lugares incoherentes con la excusa de querer vivir mi propia experiencia, en esos momentos la perdí de vista, pareciera como si se hubiera alejado y me miraba a distancia.

Volví triste y cabizbajo pero con el orgullo del que experimenta solo, aunque un poco decepcionado con mi ser.
Entonces me olvidé de ella, no la tuve más en cuenta, no la veía aparecer a cada rato, y pensé por fin se dio por vencida, por fin me dejó en paz.

Festejaba mi triunfo y lamentaba al mismo tiempo su partida, inexplicable contradicción, así somos, los sentimientos opuestos conviven en nuestro ser minuto a minuto, entonces la vi.
Y ya no me resistí, la dejé pasar, le ofrecí una copa de vino, y como me dijo que le gustaba el jazz, puse mi CD favorito y nos sentamos a conversar.
Hablamos toda la noche y comprendí por fin que ya no podía dejarla ir, que la necesitaba, que ya era parte de mi ser.

viernes, 7 de agosto de 2009

Días oscuros

Anoche soñé que te veía, hace mucho que no te miraba, en realidad mucho antes de tu muerte dejé de verte.
Pensé que éramos eternos, que nuestro amor sería eterno, nuestra conexión, me equivoqué. Nada es eterno. Tal vez me costó entender y aceptar que las personas cambian, evolucionan o involucionan pero indefectiblemente cambian.

Esos cambios duelen, movilizan, hacen tambalear nuestro mínimo universo personal, es una mezcla de egoísmo y costumbre. Sin darme cuenta o tal vez dándome cuenta demasiado, te empecé a ignorar, rechazaba la nueva persona en la que te habías convertido, preferí no ver, cerrar los ojos.

Toda la atención que te había prestado antes se convirtió en la más dura y cruel indiferencia. Sabía que te estaba lastimando pero no lo podía evitar. No se que hubiera pasado si alguien me hubiera advertido que esto te llevaría a la muerte, seguramente no lo hubiera creído, como tampoco creí cuando me avisaron de tu estado.

Fue muy raro verte de esa manera, ya no eras la que yo conocí, hace mucho no eras la que yo conocí, pero en esa cama dejaste de serlo por completo, te transformaste en un tormento, en culpa, en dolor, en decepción, te transformaste en el mas profundo de mis miedos, en el sonido mas horroroso, en el sabor mas amargo.

Empezaste a aparecer en mis sueños enojada, perdida, desorientada. Mis días pasaron a ser noches, en los cuales las pesadillas cobran vida, vos cobras vida en mi mente. No descanso y tengo miedo de volverme loco.
Aunque ya no sirva te pido perdón, y te pido por favor que vuelvas a transformar mis días en días, no me hagas lo mismo que yo te hice a vos, debe ser difícil estar entre acá y allá, lo se, pero vengarte no soluciona nada, por favor perdoname y dejame seguir con mi vida.

lunes, 20 de julio de 2009

Atrapados

ATRAPADOS 1

Era una noche de verano en Bs As, pareciera que el verano incentiva a los enamorados, a la gente en general, aunque no este enamorada, hasta pareciera que los ladrones salen a robar con otra predisposición…..
Ella ya estaba lista para salir a estrenar el Fiat 128 tuneado que él se había comprado con el dinero que había juntado trabajando cada domingo durante los últimos dos años en la heladería de su tío.

Pasó por su ventana y golpeó tres veces, como solía hacer, a los dos minutos ella estaba besándolo en la puerta de la casa. Con apuro de adolescentes se subieron entre empujones y sonrisas en el Fiat.

Decidieron ir a tomar un helado a la heladería que estaba en una de las esquinas de la plaza, sin que se dieran cuenta el tiempo voló, estaban tan entretenidos besándose y descubriéndose más y más dentro del Fiat que no notaron que ya eran las cinco de la madrugada. La heladería ya estaba cerrada y no quedaba un alma en la plaza y sus alrededores. No lo hubieran notado de no haber sido por el golpe que sintieron en el vidrio del auto, alguien forcejeaba la puerta con mucha violencia y en cuestión de segundos la abrió. Fue todo tan rápido que ninguno alcanzó a reaccionar.

Era un pibe de unos 18 años, le dijo
:
- vamos rápido dame la plata, rápido, vos nena sacate esa cadenita, los anillos y vacia tu carterita, dale rápido.

Tenía una navaja en la mano. Le dieron los pocos billetes que tenían y con los ojos llenos de lagrimas ella le dió su bien mas preciado, una cadenita que la acompañaba desde los 6 años, era un regalo de su bisabuela a su madre.

El pibe agarró todo, la miró detenidamente y le ordenó a él que pasara al asiento de atrás.
- si llegas a moverte o a intentar detenerme la mato ¿entendiste?

Se desabrochó el pantalón, le subió la pollera a ella y la violó delante de él.
Al terminar le devolvió la cadenita y le dijo:

- No lo tomes como algo personal muñeca, sos demasiado linda, no pude contenerme, perdoname y se fue.

El estaba temblando, ella estaba petrificada, el no pudo superar nunca haber visto a su mujer sido violada delante de sus ojos y no haber hecho nada. Ella nunca pudo perdonarle que no lo hiciera, que no la defendiera. Los tres quedaron atrapados en aquél Fiat 128 muchos años.




ATRAPADOS 2



Ella no quiso hacer la denuncia de su violación, era raro porque su madre la había mandado a un grupo de autoayuda para que pudiera sacar afuera la bronca y encontrarse con otras chicas que hubieran pasado por la misma situación, sin embargo ella no sentía bronca hacia el pibe que la había violado.
Sentía bronca hacia su novio, porque estaba presente y no la había defendido, lo veía como a un cobarde.

Esa tarde salió de la terapia, caminó dos cuadras hasta la parada de colectivo, llegó a la parada y se paró detrás de un pibe que estaba esperándolo también.
El pibe se dió vuelta y le sonrió, pero esa sonrisa se transformó en cara de horror cuando la vió .Ella no pudo mirarlo con desprecio, solo recordó que el le había devuelto su cadenita de oro antes de irse, después de violarla.

- perdoname, por favor, desde el día que te hice eso no logro dormir, nunca en mi vida lo había hecho, solo robaba, pero no se que me pasó, me gustaste mucho y desde ese día no paro de pensar en vos, en cuanto te lastimé, en que merezco el infierno por esto.

Ella estaba inmóvil, muda, escuchándolo, tardó unos cuantos segundos en sentir que la voz le permitía hablar.

- yo te perdono
- mirá si querés vamos ya mismo a la policía y les contás que fui yo y listo.
- No, no quiero eso, ya te dije te perdono, no voy a arruinarte la vida, si es verdad lo que decís, si realmente fue la primera vez, tenés derecho a cambiar, a vivir tu vida, sos muy joven y yo no quiero cargar con la culpa de haberte truncado tus posibilidades de ser alguien mejor.
- Gracias, sos una buena persona además de ser hermosa, será por eso que me fije en vos.

De ahí se fueron a comer una hamburguesa y se quedaron charlando un largo rato.
Decidieron que ese sería su secreto.

Al mes ella cortó con su novio, al otro día estaba saliendo con el pibe que la había violado, se habían enamorado.


ATRAPADOS 3


Estaban juntos desde hacía un año, se amaban, contra todas las leyes de la lógica, ella había perdonado a su violador y se había enamorado de él, respetaba su pacto. Nunca le contó a nadie, ni siquiera a su amiga del alma, que su novio, el pibe por el cual moría de amor , la había violado una noche de verano frente a su novio de entonces.

Estaban planeando irse a vivir juntos, alquilar un departamentito lejos del barrio, para terminar de alejar a los fantasmas que aún los perseguían.
El hacía un esfuerzo sobre humano por complacerla, realmente quería cumplir con su promesa, cambiar, terminar la secundaria para poder estudiar en la universidad, no tomar mas cerveza o lo que fuera a cualquier hora, no juntarse mas con sus amigos a fumar marihuana o lo que fuera. Por un tiempo lo consiguió, aunque internamente dos fuerzas opuestas se disputaban la razón noche y día. Peleaban entre lo correcto y la perdición, entre el honor de un hombre por cumplir una promesa y su instinto totalmente opuesto.

Era verano nuevamente, ella estaba preparando un final y él decidió salir a dar una vuelta, a tomar un poco de aire, le dijo.
No tardes, le dijo ella, me siento sola cuando te demoras.
El cerró la puerta fuerte y salió, ella sintió que algo no estaba bien, los fantasmas volvían una vez más.

El caminó sin parar, rápido, como queriendo contener algo que irremediablemente saldría de su interior.
Caminó, dió varias veces vuelta a la plaza, fumó, se compró una cerveza y justo cuando estaba dispuesto a volver a su casa, vió a media cuadra de la plaza, en uno de los pasajes mas oscuros que la rodeaba, un Fiat 128 con los vidrios empañados, que se hamacaba con el sutil movimiento de dos enamorados.

Se levantó, ya su cara era otra, ya su mirada era otra. Caminó hacia el Fiat, a mitad de camino se dió vuelta y como si alguien lo empujara volvió a darse vuelta y fue directo al auto.

Sacó su navaja del bolsillo, forzó la puerta, ordenó al muchacho que pasara atrás, no hizo falta subirle la pollera, ya la tenia subida, la violó con una ira irrefrenable, una ira contenida que salió con la fuerza de un huracán.
Después salió corriendo. Le había prometido a ella no volver a hacerlo jamás, cambiar, pero ciertas cosas no se pueden prometer.

martes, 7 de julio de 2009

Locura

Víctor trabajaba en una funeraria, no era un hombre alegre, no era apuesto ni alto, era patéticamente obsesivo.
Esa tarde, paradójicamente, había fallecido el padre del dueño de la funeraria, de modo que se fue temprano a casa.

Con una pizca de alegría inusual bajò del ascensor y cuando estaba a punto de poner la llave en la cerradura, escuchó y reconoció los gemidos de su mujer y la voz excitada de otro hombre.
Su cara se transformò, se quedó parado detrás de la puerta durante quince minutos, aquellos gritos de placer tan parecidos a los de la agonía.

Su mirada se transformó, se fue.
Volvió a la hora de la cena con una botella del vino preferido de su mujer y varias cajas de pastillas en bolsillo ya trituradas.
Cuidadosamente las disolvió en la copa destinada a ella, la desnudó y la besó como nunca había hecho, al rato se levantó y se fue al velatorio del padre del dueño de la funeraria.



Víctor saludó con un formal “lo acompaño en sentimiento” a su empleador, debido a la reciente muerte de su padre. Bebió un café y por puro compromiso escuchó una o dos conversaciones de familiares aludiendo al muerto. Cuando sintió que su obligación de empleado estaba cumplida desapareció.

Camino a su casa entró en una tiendita, compró bolsas de consorcio, un serrucho y guantes descartables.
Al entrar lo invadió la culpa, inmediatamente se deshizo de ella, como haría mas tarde del cadáver de su mujer infiel.

Puso música clásica y comenzó a desmembrarla para después quemarla, su expresión era inmutable, la carne por un lado, los huesos por otro, los órganos a parte.
Sólo lo perturbó tener que sacarle el anillo de casamiento, dos enormes lágrimas rodaron por su cara, sólo dos. Limpió el anillo con alcohol y lo guardó.
Higienizó todo el departamento, ser tan meticuloso le sirvió en este caso. Nadie jamás descubriría su secreto.



Dos años habían pasado desde aquél día en que Víctor había asesinado a su mujer, ya empezaba a sentirse solo, extrañaba la calidez de un cuerpo femenino en su cama.
Era un asesino, sin embargo andaba suelto como cualquiera de nosotros.

Un año llevaba observándola, ella trabajaba a media cuadra de la funeraria donde el seguía trabajando. Era una mujer de aproximadamente 30 años, hermosa, bastante insegura, tal vez por eso necesitaba reafirmar a cada instante su poder de seducción.

Víctor la eligió, con su aire serio y obsesivo la conquistó.
Eran patéticamente felices, el observaba cada uno de sus movimientos y miradas a extraños, sabía con quien trataba.

Una tarde la vió de lejos coqueteando con el policía de la cuadra.
Inmediatamente visitó a su amigo farmacéutico, compró somníferos, vino blanco espumante, el preferido de ella, la pasó a buscar con una aguda sonrisa y le dijo “esta noche va a ser especial”, el había sentido el macabro placer de la sangre y ansiaba sentirlo nuevamente.

martes, 30 de junio de 2009

Puntos de vista

Alberto no era interesado, simplemente le gustaba la buena vida. Tampoco era vago, como opinaba toda la familia de Cecilia.
No ayudaba mucho con las tareas de la casa, pero no es que fuera cómodo, le gustaba tener sus tiempos para mirar 2 o 3 películas de corrido (tipo cine continuado), mientras Cecilia corría de acá para allá bañando a los chicos, preparando una mamadera para uno y el pañal para el otro.

El la veía pasar casi al trote y le decía “¿no te cansas de correr tanto? cuando puedas prepará un matecito así no miro la película tan solo ya que vos nunca me podés acompañar”

Ella estaba tan empeñada en que ese matrimonio funcionara que jamás discutía, le preparaba el mate y seguía con sus tareas.
Se conformaba pensando “lo que pasa es que la madre lo malcrió mucho, por eso es así, pero es un buen padre”
Ser un buen padre para Cecilia era no pegarle a los chicos, jugar con ellos de vez en cuando, siempre y cuando no interrumpieran ninguna película.

Y así pasaban los días, los meses, ella ahorraba peso por peso vendiendo cosméticos a domicilio, en el ratito que le quedaba libre entre guardería y colegio, para que él siempre pero siempre encontrara sus escondites y la plata desapareciera como por arte de magia.

Alberto no era ladrón, simplemente consideraba que la plata en un matrimonio se comparte y lo que era de su mujer era suyo también. Tampoco era mentiroso pero para qué decirle la verdad, sólo lograría lastimarla y ella nunca entendería su “solidario” punto de vista.

Eso si, era muy buen amante, eso nadie lo podía negar. Todas las noches se convertía en un tigre y la amaba sin parar, no importaba si ella tenía ganas o no, el era un buen marido y cumplía con sus deberes maritales. No era egoísta, solo pensaba que esos momentos de placer compartidos mejorarían la pareja.

Cuando los chicos tenían 4 y 6 años, en un descuido de Cecilia, en una de esas noches de pasión felina, ella quedó embarazada.
La verdad es que no tenía planeado otro bebé, ya bastante le había costado llegar hasta este punto, pero Alberto era muy católico y jamás hubiera aprobado un aborto.

Con mucho trabajo, cansancio y resignación el embarazo llegó a término. Ella ya estaba pesadísima y sin embargo seguía sirviéndolo como a un rey, aunque su cara ya no era la misma que con el primer bebé o con el segundo. Algo estaba cambiando en ella.

Eran las once de la noche de un jueves normal, los chicos dormían, la mamá de Cecilia había venido de visita.
El miraba un partido de fútbol por tele. Las contracciones eran cada vez más seguidas, esto lo sabía solo ella.

Con mucha dulzura y casi nada de energía se acercó a su marido y le dijo:
-Alberto, me parece que el bebé está por nacer, llevame al sanatorio.
-pará, no ves que está por meter un gol, bancame que termine el segundo tiempo, faltan 15 minutos nada más.
-no puedo esperar mi amor, me duele mucho, necesito ir ahora.
-espera un ratito sentate tomate un mate, ya te llevo.

Cecilia tomo su bolso, pidió a su madre que se quedara con los chicos y se fue, sola a parir a su hijo.
No fue al sanatorio donde estaba previsto que naciera, fue a otro donde trabajaba una amiga suya, obstetra.
A las dos horas nació Olivia, una beba preciosa, como lo habían sido cada uno de sus hijos. Al escuchar su llanto Cecilia supo que no quería volver a lo mismo, planeo cada detalle para su separación. Su madre se ocupo de mudar a los chicos y la ropa, su amiga de hablar con Alberto hasta que ella se sintiera fuerte para enfrentarlo.

Su suegra, que había venido a visitarla y se enteró de la noticia le dijo;
-Alberto no es malo, lo que pasa es que a él le gusta que lo hagan sentir bien, ¿sabes qué pasa? Es de Leo, y los hombres de Leo son así, hay que alagarlos para que se sientan seguros, como si fuera el rey de la casa ¿entendes? y de esa manera son los mejores.

Cecilia cumplía los años el 12 de Agosto era de Leo también, pero eso ni a su suegra ni a su marido nunca les importo.

martes, 23 de junio de 2009

EL ÚLTIMO TREN


Ahora que veo todo desde afuera nada parece tan importante.
Es difícil desvincularse de las cosas o las situaciones cuando uno està involucrado, lo escuché muchas veces, recién hoy lo comprendo realmente.
Es un día precioso, el sol brilla e ilumina la ciudad, también ilumina las vías del tren, que estoy observando en este momento, y reflejan la luz del metal en la estación.

Siempre me fascinaron los trenes, desde chico, mi abuela me llevaba a pasear en tranvía primero y de mas grandecito en tren.
Me asombraba la vida interior de los trenes, el mundo que se genera dentro de ellos, la unión de gente tan diferente con el único objetivo en común de llegar a un mismo lugar.

En los trenes escuchaba conversaciones ajenas y generalmente inventaba los finales, porque nunca llegaba a oírlos, tal vez ahí empezó a nacer en mí el escritor frustrado que siempre fui.

Estoy viendo que llega la policía, una ambulancia, inútil en esta instancia, ya estaba estacionada cerca del tren detenido.
Y ustedes se preguntaran ¿Qué hace este hombre sentado frente a la estación mirando esta escena con tanta tranquilidad? Mientras la gente grita, se horroriza y pone cara de espanto.

Simplemente estoy despidiéndome de mi cuerpo sin vida, destrozado e irreconocible, tirado en las vìas del tren.

martes, 16 de junio de 2009

PRIMER GRAN SUSTO


Teníamos veinte años, estábamos muy enamorados, algo así como pasa solo en las películas.
Alguien nos había prestado 3 o 4 maquinitas, muy básicas para fabricar medias, muy básicas también.
Estábamos felices, a mí siempre me encantaron los retos, y sobre todo si esos retos daban posibilidad de obtener billetes que facilitaran mi independencia económica.
Ese mismo alguien nos prestó una habitación en un galpón y ahí instalamos nuestra muy mini fábrica de medias.

Teníamos solo una mesa larga para trabajar, embolsar, escribir, hacer cálculos, todo se hacía en aquella mesa, incluso sirvió para amarnos.
Una radio vieja donde sonaba la Rock and Pop que se escuchaba solo cuando las máquinas no funcionaban porque sino el ruido del motor silenciaba cualquier otro sonido.
Otro alguien un día me dijo: tenés que tener cuidado con la ropa, no uses ropa suelta porque eso que no me acuerdo como se llama que gira y es lo que hace funcionar al motor, puede agarrarte la ropa o el pelo y provocar un flor de accidente.
Obviamente nunca tome ese consejo en serio, a los veinte yo creía que nada podía pasarme, era un estilo raro de la mujer maravilla.

Un día, ya era tarde, estábamos trabajando, tenia el pelo suelto. De repente se suelta uno de los hilos de una de las máquinas, sin detener el motor me agaché a recogerlo, y tal cual me había anticipado aquél alguien mi pelo se enreda en la rueda que giraba a toda velocidad.

Por suerte Harry estaba ahí, cortó la corriente eléctrica a penas se dio cuenta de que algo raro sucedía. Se acercó me ayudó a levantarme, me tomó con las dos manos las mejillas, me miró con tanta dulzura y miedo que a pesar de mi dolor pude percibir y me dijo: sos hermosa, sos la mujer mas hermosa que jamás haya visto.

En ese mismo instante supe que algo muy feo me había pasado y que realmente tendría la apariencia de un monstruo.

Durante varias semanas me asustaba al mirarme al espejo, el pelo volvió a crecer y las heridas se curaron, creo que desde ese día empecé a escuchar más a los alguien que aparecían en mi camino dándome consejos.

martes, 9 de junio de 2009

Locura

Víctor trabajaba en una funeraria, no era un hombre alegre, no era apuesto ni alto, era patéticamente obsesivo.
Esa tarde, paradójicamente, había fallecido el padre del dueño de la funeraria, de modo que se fue temprano a casa.

Con una pizca de alegría inusual bajo del ascensor y cuando estaba a punto de poner la llave en la cerradura, escuchó y reconoció los gemidos de su mujer y la voz excitada de otro hombre.
Su cara se transformo, se quedó parado detrás de la puerta durante quince minutos sufriendo aquellos gritos de placer tan parecidos a los de la agonía.

Su mirada se transformó, se fue.
Volvió a la hora de la cena con una botella del vino preferido de su mujer y varias cajas de pastillas en su bolsillo ya trituradas.
Cuidadosamente las disolvió en la copa destinada a ella, la desnudó y la besó como nunca había hecho, al rato se levantó y se fue al velatorio del padre del dueño de la funeraria.

martes, 2 de junio de 2009

Pregunta sin respuesta

Dicen que cuando un chico pregunta ¿por que? Hay que contestarle para que, por ejemplo si pregunta ¿Por qué las estrellas aparecen a la noche? Yo le contestaría:
Aparecen a la noche, para alumbrarnos y porque el sol necesita descansar, entonces cambia de turno con la luna y como las estrellas son sus amigas de toda la vida la acompañan.

- Y porque la abuela de Manuel se fue al cielo?
- Porque terminó de vivir su vida acá, entonces ahora cuida a Manuel desde el cielo.

- Entonces ¿la abuela de Manuel es amiga del sol y las estrellas y la luna?

- Seguramente mi amor.


Respuestas como esta inventaba cada vez que mi hijo, entre los tres y cuatro años empezaba con la etapa de los por que.

Y por que me tengo que ir a dormir y vos te quedas jugando con papa?
Porque los grandes ya durmieron mucho, mucho en su vida y ahora necesitan dormir menos y jugar mientras los chicos duermen para que mañana, cuando te levantes tenga muchas ideas nuevas para jugar con vos.

Y porque tengo que ir al colegio
Para que aprendas muchas cosas nuevas y para que en ese tiempo mama pueda descansar de tus por que

Me miraba con ojitos de no entender mucho mis razonamientos pero al mismo tiempo confiaba ciegamente en mí. Es hermoso pero a la vez aterrador que un enano de 3 años ponga tantas expectativas en uno.

Cuando cumplió cuatro años, no me acuerdo a que familiar se le ocurrió la brillante idea de regalarle un conejo.
Ahí no pregunto ni porque ni para que estaba feliz con su conejo, lo llevaba a upa a todos lados, le hablaba como si fuera su hermano y el conejo lo seguía por toda la casa.
Nunca supe si son inteligentes o no, pero este conejo, lo era. Reconocía su voz desde lejos y sus ojitos brillaban cuando lo veía entrar.

Después de todo no fue tan mala la idea, el esta feliz, pensé.

Cuando ya habían pasado unas cuantas semanas y estábamos todos encariñados con Roger, el conejito, una tarde, mientras el jugaba en el patio con su cochecito de plástico en el que podía subirse y manejar al estilo Picapiedra, escuche un grito aterrador.
Salí corriendo para ver que pasaba y mi hijo llorando me trato de explicar que Roger no caminaba mas, estaba dormido.
Al ver la escena, Roger con un hilo de sangre que le salía por la comisura de la boca u hocico (no se como se le dice), sus ojos petrificados y abiertos con expresión de terror, no supe que hacer.
Lleve a Nico rápido a mi habitación y le di unos caramelos que siempre tengo escondidos en mi cartera para casos de emergencia.

Salí al patio y temblando y con las lagrimas a pinto de brotarme de los ojos, levante a Roger con una palita y lo puse en una bolsa, mientras lo hacia pensaba como hacer para que mi hijo no se quedara con esa culpa en su conciencia, ¿como explicarle que había sido un accidente?
Estaba tan hundida en mis pensamientos que no me di cuenta de que Nico estaba al lado mío, mirándome y me dijo mama ¿para que sirve la muerte?

Lo mire, le sonreí y le dije: no se hijo, a veces los papas y las mamas no tenemos todas las respuestas ¿sabes?

No importa mami, hoy a la noche, le voy a pedir a las estrellas que cuiden a Roger y a la luna que es mas grande y alumbra mas, también y le voy a pedir que cuando cambie con el sol le pida que también lo cuide porque seguro que se fue al cielo ¿ no?

martes, 26 de mayo de 2009

Amor y alfajores


Nunca me gustaron los alfajores de frutas, siempre fui muy definida con las cosas, me gusta o no me gusta y los alfajores de fruta eran para mi un hibrido, ni chocolate ni dulce de leche, fruta y no siempre la misma dependiendo del lugar de donde venían, a veces habían colores raros, olores raros, que ni siquiera me animaba a probar.

Algo extraño paso una vez que viajábamos con mis padres de vacaciones a Mar de Ajó.
Yo tenía 4 o cinco años, mi hermana tenía un año menos.
Estábamos super contentas porque pasaríamos un mes entero con mi papa, en ese mes no iría a trabajar, lo disfrutaríamos a cada minuto del día, siempre y cuando mi mama nos dejara, porque cuando uno es chica y mujer, sabe que el papa es mitad de una y mitad de la mama, éramos tres mujeres así que correspondía un 33.3% a cada una. Eso contando que no apareciera mi abuela, ahí perdíamos todas un poquito, pero igual era buena la abuela.

Nos habíamos hecho amigas de un vecinito de cabaña que tenía un año más que yo y se llamaba Gastón.
Gastón era grande para mi , el ya había pasado a primer grado, sabia mucho de la vida y ese verano nos enseño unas cuantas cosas a mi hermana y a mi, pero al ser yo la mas grande merecía mas sabiduría que ella.

Por suerte nuestros padres también habían simpatizado así que mientras ellos charlaban y tomaban mate Gastón nos enseñaba algunos misterios de la vida.

Una mañana me dijo
- ¿te gustan los alfajores?
- -si, claro me encantan pero los de fruta no
- - bueno yo tengo la formula para que hagamos muchos alfajores, así a la vuelta nuestros padres no tiene que comprar para regalar, se los damos nosotros.
- Pero ¿Cómo, Cual es la formula?
- Hoy a la tardecita, decile a tu mama que vas a juntar piedras y nos encontramos atrás de las cabañas, ahí te cuento.

Que intriga, una receta secreta para hacer alfajores, Gastón era un ídolo, ¿como sabría tanto?

Ya desde chiquita me seducían los chicos misteriosos y seguros de si mismos.
Así que elegí mi mejor vestidito, la hebillita amarilla y Salía su encuentro.

Al principio no lo veía, estaba camuflado detrás de una montaña de leña y hojas secas.
Me explico que toda esa leña la estaba juntando para poner una fábrica de alfajores y necesitaba ayuda, yo tenía que colaborar con el proyecto juntando más leña, corteza de árboles, si eran eucaliptos mejor, hojas de diferentes formas y colores, porque parece que las hojas eran lo que definan el gusto y el color del alfajor.

Su plan era juntar todo y con una receta mágica que el tenia y nunca me reveló, mas unos fósforos robados para hacer fuego, saldrían docenas y docenas de alfajores


Estábamos entusiasmadísimos, todas las tardes, mientras los demás dormían la siesta, nos íbamos a juntar los elementos, la materia prima de los alfajores.
Ese fue mi primer amor de verano. Fue la primera vez, después de mi padre que admiré a un hombrecito y me sentí deslumbrada por él.
Le creía lo de los alfajores, aunque muy internamente creo que intuía que le fallaría la receta, pero no me importaba. Disfrutábamos de larguísimas tardes planeando que cuando fuéramos grandes si esto funcionaba pondríamos una fábrica grande, muy grande de alfajores de frutas y también de los otros, ese era el trato.

Cuando faltaban tres días para volvernos a Buenos Aires, decidimos poner manos a la obra y prender esa fogata mágica, para darle vida a los alfajores.
Metimos la leña en una parrilla vieja y abandonada que había cerca de la playa y por mucho que intentamos prender esos fósforos robados, nunca lo conseguimos.
Había mucho viento en la playa, lo prendíamos y se apagaba y nunca llegaba a vivar la gran fogata.
Gastón decía que sin un gran fuego no habían alfajores porque esa mezcla de azul, rojo, naranja del fuego era lo que lo que lograba esa increíble transformación de leña a alfajores.

Esa tarde volvimos tristes, no habíamos podido fabricar alfajores, pedir ayuda a los grandes era imposible, no nos iban a creer y encima nos pondrían en penitencia por jugar con fuego, y nos dirían ese dicho tonto de que si jugas con fuego te haces pis en la cama. Cuando era más chica me lo creía pero a partir de ese verano supe que los grandes a veces dicen cosas sin sentido, porque yo, ningún día de esas vacaciones me hice pis en la cama.
Quedamos con Gastón, que las próximas vacaciones cada uno traería un encendedor de su casa y así sería mucho mas fácil prender la fogata.

Como a mi me encantaba el mar, mi papa paraba en la ruta en el ultimo lugar que había mar, se metía por los campos hasta divisarlo, yo, bajaba feliz del auto y me daba la ultima zambullida. Salía del mar corriendo y ahí estaba mi mama esperándome con una toalla enorme para secarme y meternos otra vez en el auto para volver a casa.

A mi papa le encantaba llevar alfajores de regalo así que la última parada era para comprar muchas cajas de alfajores para la familia y amigos.
Cuando lo vi venir cargado con las cajas, para ponerlas en el baúl, pensé, este es el último año, el próximo te los fabrico yo.